¿Por qué el odio y la venganza no son «inventos» humanos?

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IAM HOLM. FROM HELL. (2001) DIRECTORS: Albert Hughes, Allen Hughes

«La verdadera evolución de una civilización no se mide por sus avances tecnológicos, sino por su capacidad de sentir compasión allí donde la crueldad animal intenta imponer su silencio.»

Durante siglos, la humanidad se ha aferrado a una zona de confort intelectual: la creencia de que nuestras emociones más complejas —el odio, la sed de venganza, la compasión ética— son las joyas de la corona de nuestra exclusividad evolutiva. Sin embargo, los registros históricos y la observación biológica sugieren una realidad mucho más humilde. No somos los inventores de la emoción, sino simplemente sus narradores más ruidosos.

El caso de la orca: La venganza como herramienta evolutiva

La anécdota de la orca que cesó su colaboración con los pescadores tras la muerte accidental de un miembro de su manada no es un caso de «antropomorfismo». Es un ejemplo de justicia retributiva. En especies sociales con alta capacidad comunicativa, el reconocimiento de la afrenta y la ruptura del pacto cooperativo son mecanismos de supervivencia.

La venganza, lejos de ser un «defecto» humano, es una herramienta evolutiva para castigar la traición y mantener el equilibrio en las alianzas. Si una orca o un chimpancé no pudieran sentir algo similar al odio o al resentimiento, serían incapaces de proteger la cohesión de su grupo frente a agresores externos.

La raíz primitiva del Sufrimiento

Desde una perspectiva biológica, la «caja de herramientas» emocional es una herencia compartida. Las emociones residen en las áreas más antiguas de nuestro cerebro. Como bien se ha señalado, evitar el dolor es una necesidad biológica universal; pero el sufrimiento —la interpretación emocional del dolor— es lo que genera la repulsión hacia la crueldad.

La historia nos muestra que la empatía hacia el animal no es un lujo de la modernidad «woke», sino una constante de la salud mental humana. Desde el jainismo (600 a.C.) hasta las leyes bíblicas que prohibían arar con un buey y un asno juntos (para evitar el sufrimiento desigual), la humanidad siempre ha reconocido, de forma intuitiva, que el animal es un «alma viviente».

De Gilgamesh a Dahmer: La patología de la Crueldad

La literatura más antigua del mundo, la Epopeya de Gilgamesh (1800 a.C.), ya nos presenta a Enkidu, el hombre salvaje que protegía a los animales de las trampas de los cazadores. Esta conexión primordial es tan intrínseca que su ausencia se considera, hoy y siempre, una señal de alarma psicopática.

El caso de Jeffrey Dahmer y su historial de crueldad animal infantil subraya una verdad incómoda: la capacidad de sentir empatía por los animales es el termómetro de nuestra propia humanidad. Quien niega la sensibilidad del animal no está ejerciendo un juicio científico, sino que está revelando una fractura en su propia estructura emocional.

La Sabiduría de los Antiguos

La idea de que los animales son meros autómatas cartesianos es una anomalía histórica. Los grandes pensadores de la antigüedad ya lo tenían claro:

Pitágoras: Creía en la transmigración de las almas, uniendo a humanos y animales en un mismo destino espiritual.

Teofrasto: Argumentó que el razonamiento y la percepción no son exclusivos de nuestra especie.

Mahoma: Prohibió la crueldad innecesaria, advirtiendo que «afilar el cuchillo frente al animal es matarlo dos veces».

El Fin del Excepcionalismo Humano

En 2026, la ciencia está alcanzando finalmente a la intuición antigua. Las leyes contra la crueldad animal no son concesiones sentimentales, sino el reconocimiento legal de una realidad biológica: el animal siente, recuerda y, en ocasiones, juzga.

Al reconocer emociones como la venganza o el odio en los animales, no los estamos «elevando» a nuestro nivel; simplemente estamos aceptando que nosotros nunca bajamos del suyo. Somos parte de un tejido emocional continuo. Negar esto no es ciencia, es simplemente una forma de ceguera ante la majestuosidad de la vida.


Sangre, Absenta y Masonería: El Infierno según los hermanos Hughes

Londres, 1888. El corazón del Imperio Británico late con fuerza, pero en su periferia, en el distrito de Whitechapel, la sangre se derrama con una precisión quirúrgica que desafía a la razón. From Hell (Desde el Infierno) no busca ser un documental sobre Jack el Destripador; busca ser la autopsia de una sociedad enferma. Basada libremente en el monumental cómic de Alan Moore, la cinta de 2001 se sostiene hoy como una pieza de orfebrería gótica donde el humo del opio y la niebla londinense se confunden en una danza macabra.

El Inspector Abberline: Un Héroe en Fase REM

Johnny Depp, antes de quedar atrapado en los manierismos de Disney, nos regaló en Frederick Abberline una de sus interpretaciones más lúcidas y melancólicas. Su Abberline no es el detective metódico de Scotland Yard, sino un visionario que necesita del opio y el ajenjo (absenta) para «ver» más allá de lo evidente.

Este acercamiento a la figura del investigador —un hombre que se autodestruye para salvar a los demás— reemplaza eficazmente la racionalidad de Sherlock Holmes por una sensibilidad clarividente. Su química con Mary Kelly (Heather Graham) ofrece el único rayo de luz en un mundo donde las prostitutas, bellamente retratadas como sobrevivientes rudas y frágiles, duermen atadas a sillas en pensiones infectas para no desplomarse por el agotamiento.

Whitechapel: Una Escenografía de lo Nauseabundo

La dirección de arte de From Hell es el verdadero protagonista. Los hermanos Hughes lograron capturar la «división de clases» no a través de discursos, sino de texturas. El contraste entre los sombreros de copa en los clubes privados y la «fauna» autóctona de los callejones donde las uvas se usan como cebo de muerte es sublime.

Ciencia Forense Primigenia: La película rinde homenaje a los orígenes de la criminología. Los cortes precisos del Destripador no solo sugieren locura, sino un conocimiento médico que apunta hacia las altas esferas.

La Teoría Moore: La cinta abraza la tesis de la conspiración masónica y la conexión con la Reina Victoria. Es aquí donde la película se aleja del realismo para entrar en el terreno de la mística política y el horror sistémico.

Del Cómic a la Pantalla: ¿Una traición necesaria?

Para los devotos de Alan Moore, la adaptación puede resultar «comprimida». El cómic es una enciclopedia de mil páginas sobre la psicogeografía de Londres; la película es un thriller atmosférico. Sin embargo, lo que pierde en densidad informativa, lo gana en fuerza visual. La banda sonora y los efectos artísticos envuelven al espectador en un ambiente «veladamente expresionista» que recuerda a las obras de Lovecraft o a las pesadillas de La Novena Puerta.

La Sombra de Jack: ¿Quién vive realmente en el Infierno?
El guion nos guía a través de una trama de desesperación donde las víctimas no son meros «cuerpos», sino mujeres con nombres, deudas y miedos reales. Ann Crook y su círculo íntimo son el recordatorio de que Jack no solo mataba carne, sino que intentaba borrar la vergüenza de una monarquía que no podía permitirse el escándalo.

Una Joya Inquieta

From Hell es una película que no todo el público puede digerir, no por su violencia gráfica, sino por la sordidez de su alma. Es un viaje de diez sobre diez para aquellos que disfrutan de los personajes oscuros y las atmósferas opresivas. Whitechapel nunca volvió a ser lo mismo tras el paso del Destripador, y el cine de suspenso tampoco lo fue tras esta perturbadora obra de los Hughes.


INVENTARIO BELCEBÚ

El Arquitecto del Horror: Por qué el libro ‘From Hell’ de Alan Moore es el acta de nacimiento del siglo XX

Se ha dicho que el siglo XX no comenzó en 1900, sino en los callejones de Whitechapel en 1888. Si esto es cierto, Alan Moore es su cronista más despiadado. From Hell no es simplemente una novela gráfica sobre Jack el Destripador; es un tratado metafísico sobre cómo el imperialismo, la masonería y la violencia de género se entrelazaron para dar a luz al «Antropoceno del Inconsciente». Tras décadas de ser un tesoro en blanco y negro, la nueva edición colorizada por Eddie Campbell ha arrojado una luz ambarina y cruda sobre esta «escritura diabólica», haciéndola más legible pero no menos inquietante.

Más allá de la «Solución Final»

Moore se basa en la teoría conspirativa de Stephen Knight (que implica a la Corona y a la masonería), pero lo hace con una honestidad intelectual brillante. No le importa si la teoría es «cierta» en términos históricos —de hecho, los apéndices del libro son una clase maestra de Ripperology donde Moore desmiente sus propios recursos—; le importa lo que la teoría dice sobre nosotros.

La obra es un estudio de la psicogeografía. A través del personaje de Sir William Gull, el médico real, recorremos un Londres que es un mapa de símbolos ocultos. Para Gull, los asesinatos son un ritual para asegurar el dominio masculino y masónico sobre el futuro.

La Forma como Mensaje: La maestría de Campbell
El arte de Eddie Campbell ha sido a menudo descrito como «sucio» o «inacabado». Sin embargo, esa técnica de pluma y tinta es la que evoca la locura de la época.

«Retrato de Alan Moore junto a ilustraciones y portadas de la novela gráfica ‘From Hell’, editada por Planeta Cómic.»

retrato de Alan Moore con barba y pelo largo, imagen en blanco y negro. Dos portadas de su libro "From Hell" y una ilustración gráfica. Editado por "Planeta Cómic"

El Color de la Decadencia: La nueva edición no utiliza colores chillones de superhéroe. Son tonos pastel apagados, casi oníricos, que acentúan el arte lineal sin dominarlo. El color actúa como el «climatizador anímico» de Philip K. Dick, sumergiéndote en una embriaguez victoriana.

Tipografía y Dialecto: En una proeza de artesanía, hasta la caligrafía de los globos de texto cambia según el estado de alerta o el nivel educativo del personaje. Es una experiencia cinematográfica donde el papel parece respirar (y sangrar).

Un Tratado de Incomodidad

From Hell no es una lectura «agradable», y ese es su mayor triunfo. Está diseñada para poner al lector en un estado de desasosiego.

La Anatomía del Gore: A diferencia de la película, el libro no rehúye la brutalidad médica. El capítulo de la disección de Mary Kelly es una de las secuencias más perturbadoras de la historia del arte, no por el morbo, sino por la fría precisión con la que se despoja de humanidad a la víctima.

Crítica Social: Bajo las capas de misterio, hay una condena rotunda al racismo y al fanatismo del Imperio Británico. Es una historia sobre la ficción convirtiéndose en realidad.

El Valor del Objeto: La Edición de 2026
Para el coleccionista moderno, esta versión colorizada es la definitiva. El papel brillante mejora la nitidez de las fuentes dibujadas a mano, eliminando la necesidad de «entrecerrar los ojos» ante los densos cuadros de texto. Aunque el libro carezca de sobrecubierta (un pecado editorial menor), su peso físico refuerza la magnitud épica del relato.

El Infierno está aquí

From Hell, de Alan moore, es posiblemente la mejor novela escrita en lengua inglesa en el formato de cómic.

Es un viaje de pesadilla que te dejará con más preguntas que respuestas, pero cuya «visión de túnel» sobre la historia es imposible de ignorar.

Si te consideras un fanático de la narrativa de calidad, esta no es una opción, es una obligación. Como bien dice Moore: «A veces, el infierno es simplemente el lugar donde los hechos se vuelven ficción».

 portada del libro "From Hell" de Alan Moore.

La Esmeralda Líquida: Por qué la Absenta sigue siendo el elixir de los pensadores

Hubo un tiempo en que el «Hada Verde» fue proscrita, acusada de incitar a la locura y al desorden en los bulevares de París. Hoy, tras un largo exilio, la absenta ha regresado no como un veneno, sino como una joya de la destilería artesanal. Entre las imitaciones baratas que inundan el mercado con colorantes artificiales, La Fée Parisienne (68% Vol.) se erige como el estándar de oro: una bebida que no solo se consume, sino que se descifra.

El Ritual del Louche: Ciencia en una cuchara
Beber absenta sin el ritual es como leer a Alan Moore sin mirar las ilustraciones: se pierde la mitad de la historia. La Fée incluye la icónica cuchara perforada, necesaria para el servicio perfecto.

La Alquimia del Agua: Al mezclarla en una proporción de 1:4 o 1:5 con agua helada, ocurre el fenómeno del louche: una turbidez lechosa y pálida que libera los aceites esenciales del anís y el hinojo.

La Experiencia Sensorial: A diferencia de las marcas inferiores que resultan «espumosas» o excesivamente picantes, esta absenta es un equilibrio de fuerzas.

El primer sorbo revela una artemisa delicada que no anula al resto de las hierbas, sino que las organiza en una sinfonía de matices que varían con cada trago.

 Cartel Absenta La Fee Parisienne. La Fee Parisienne Absinthe 700ml 68% Vol. Absenta Verde Superior 100% natural. Incluye cuchara marca la "Fée".

Una Bebida para la Introspección

«introvertida, reflexiva y creativa». No es una exageración romántica. Debido a su alta graduación y a la composición botánica, la embriaguez de la absenta se describe a menudo como «lúcida». Es la antítesis del olvido del whisky; es una invitación a la hiperactividad mental. No es de extrañar que los poetas malditos la eligieran como musa: es una bebida para aquellos que prefieren pensar a simplemente estar.

El Valor de lo Auténtico

En un mercado donde el precio compite con whiskies de 14 años, La Fée justifica su inversión. Su color verde esmeralda es 100% natural, huyendo de los tonos radioactivos de las marcas de bajo coste.

Pureza vs. Química: Las marcas pequeñas suelen usar aditivos. La Fée es «desentrañable»: puedes saborear la frescura de la primavera en una composición que se siente alegre y equilibrada.

El Efecto Congelador: Para los más audaces, enfriar el vaso puro durante una hora cierra el aroma pero crea un sabor denso y atractivo, una experiencia casi táctil en el paladar.

La Resaca que no llega

Una de las sorpresas para los nuevos iniciados es la claridad del día siguiente. Si se trata con el respeto que exigen sus 68 grados, ofrece «noches agradables» sin las oscilaciones de un borracho común. Es una borrachera elegante, de raíces victorianas, que te deja con una extraña necesidad de volver a por más, no por vicio, sino por la calidad de la conversación interna que provoca.Decadencia en cada gota

Comprar La Fée es comprar un billete de vuelta a la era de la bohemia. Es una bebida potente, capaz de poner de espaldas a cualquiera, pero lo hace con la delicadeza de una caricia.

Si la absenta fuera más adictiva, se compraría por gramos. Para el pensador moderno en 2026, es el antídoto perfecto contra un mundo ruidoso y superficial.

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La Fee Parisienne Absinthe 700ml 68% Vol. Absenta Verde Superior 100% natural. Incluye cuchara marca la «Fée».

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