El Espectro de Marx en el Siglo XXI: ¿Es el Capitalismo de Estado el verdadero destino del Comunismo?

karl marx

«Es más cercana al fascismo económico que al socialismo democrático»

El término «comunismo» sufre de un trastorno de identidad. Para el purista marxista, es la utopía final: una sociedad sin clases ni Estado. Para el superviviente de la Guerra Fría, es el autoritarismo del partido único. Pero en la China de 2026, el comunismo es algo que Marx jamás imaginó: una economía socialista de mercado que utiliza las herramientas del capital para cimentar un poder absoluto. ¿Estamos ante un éxito del pragmatismo o ante la perversión definitiva de la teoría?

La muerte del idealismo: El factor Lenin
Karl Marx asumió que el paso del capitalismo al comunismo sería un proceso orgánico y democrático, similar a cómo el feudalismo se desvaneció para dar paso a la modernidad. Pero a principios del siglo XX, Lenin y Mao —atrapados en monarquías feudales— perdieron la paciencia. Decidieron que se podía saltar la etapa capitalista mediante la fuerza bruta de arriba hacia abajo.

Este giro fue explícitamente antimarxista, pero exitoso como campaña de propaganda. Lo que hoy llamamos «países comunistas» son, en realidad, laboratorios de leninismo y maoísmo. El comunismo marxista original, ese que requiere la propiedad comunitaria de los trabajadores sobre los medios de producción (y no del Estado), nunca se ha probado. Quizás porque Marx nunca explicó cómo llegar a él en un mundo tecnológico y globalizado.

El Capitalismo de Estado: La receta china
China ha perfeccionado un modelo de «capitalismo con características chinas». Sí, hay multimillonarios, pero son multimillonarios con una diana en la espalda. En Pekín, el dinero no compra la inmunidad; docenas de magnates han descubierto que sus miles de millones no detienen a un pelotón de fusilamiento si el Partido decide que son un estorbo.

Es una economía mixta donde la propiedad privada convive con conglomerados estatales masivos, pero con una diferencia clave respecto a Occidente: China no vive esclava del rendimiento trimestral. Su enfoque es a largo plazo, invirtiendo en educación y sanidad para lograr una «prosperidad compartida» hacia 2050, aunque el precio sea una vigilancia orwelliana y un sistema de crédito social que califica la lealtad de cada ciudadano.

¿Es esto lo máximo a lo que podemos aspirar?
Aquí surge la pregunta más cínica y necesaria: ¿Es este capitalismo de Estado lo único que el comunismo puede llegar a ser, considerando las limitaciones de la naturaleza humana? Tal vez el comunismo marxista sea un esquema vago y obsoleto de hace 150 años, y lo que vemos hoy sea su única forma posible de existencia práctica.

Incluso los críticos más feroces deben aceptar que el «capitalismo de amiguetes» existe en todas partes. La diferencia es que en China, el «amigo» es un Estado autoritario que controla el mercado para sus propios fines geopolíticos.

Veredicto: El fin de la propaganda
Clasificar a China hoy es un rompecabezas. Es más cercana al fascismo económico que al socialismo democrático. Sin embargo, su capacidad para reducir la brecha salarial y avanzar hacia un sistema de riqueza compartida sigue siendo su gran promesa (o su gran mentira).

Como sugiere un doctor en economía política: el comunismo marxista no se ha probado; se ha usado como marca. Lo que queda es un híbrido hipermilitarizado y tecnológicamente avanzado que ha aprendido a usar el libre mercado para alimentar a la bestia estatal. Marx se retuerce en su tumba, pero el PCCh sigue adelante, convencido de que ellos, y solo ellos, saben cómo termina la historia.

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